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Bienvenidos a la zona noble

El extremo este de Tenerife, la a veces llamada “península” de Anaga, es la zona más antigua de la isla, que comenzó a emerger hace unos 12 millones de años. Es curioso pero lo que conocemos hoy como el Macizo es el sur de una isla cuya parte norte ha sido erosionada hasta desaparecer. En Anaga hace ya millones de años que no hay erupciones volcánicas, por eso en su geología abundan las huellas que han dejado los procesos erosivos. Son numerosos los barrancos, bien visibles los restos de antiguos deslizamientos y muchos también los diques observables. La observación de las huellas geológicas es una de las motivaciones que debemos tener cuando paremos en alguno de los muchos miradores que abundan en sus montañas.

Anaga tiene una carretera principal que la atraviesa por las alturas, que crestea por lo más alto de sus montañas, la TF-12, que va desde La Canteras, en La Laguna, hasta San Andrés, en Santa Cruz de Tenerife. Durante  todo su recorrido son varios los puntos en los que es fácil poder disfrutar de las vistas hacia las dos vertientes. Destacan dos miradores, el de la Cruz del Carmen, no solo porque allí comienzan varios senderos y se encuentra el centro de visitantes, sino también porque es el único que se orienta al oeste, ya en las estribaciones del macizo, por lo que nos ofrece unas enormes vistas del resto de la isla. La vega lagunera en primer plano y el monte de La Esperanza como comienzo de la gran dorsal que termina en el Teide, que se ve perfectamente desde este lugar. A lo largo de esa carretera, destaca otro mirador muy conocido, el del Pico del Inglés. Orientado al sur se coloca en lo más alto de esa ladera, con fuertes pendientes hacia todos lados. A casi mil metros de altitud no es raro que estén cubierto por la niebla. Cuando el día está despejado, se ven los barrancos y senderos que llevan a Santa Cruz de Tenerife por los barrios de Valleseco y La Alegría, con la presa de Tahodio a medio camino.

Cuando la TF-12 llega a El Bailadero, hay un cruce con la TF-123, que lleva a Chamorga. A los pocos metros de iniciada esa nueva vía, junto a algunas casas allí situadas ,está el mirador de El Bailadero, quizás uno de los más vertiginosos del macizo, pues sus vistas al norte se producen desde lo alto y asomados al precipicio. Desde este punto llama la atención el tono de la vegetación del valle de Taganana comparado con el más árido de San Andrés. 

Si continuamos esa carretera encontramos el mirador de La Chamuscada, este tramo y esta parada tienen la particularidad de estar en El Pijaral, una reserva especial en la que no se puede pasear sin permiso. En este mirador, orientado a la vertiente sur, podremos disfrutar de las sensación que produce estar en medio del gran bosque de laurisilva, capaz de bajar la temperatura y aumentar la humedad. Visitando esos miradores habríamos visto aquellos que se sitúan en lo más alto, pero Anaga todavía tiene sorpresas…

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