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Varietales ancestrales

La historia de la vid con Anaga viene de muy largo. Se conoce que la uva llegó a Canarias en el siglo XV, de hecho, se cuenta que la primera viña que se plantó en Tenerife fue de la mano de Fernando de Castro en 1497.  Y en la zona del Macizo, convivió junto con la caña de azúcar. Cuando esta desapareció, quedó el vino como producto estrella, ya que era muy codiciado por los europeos, dando lugar a una época de apogeo durante los siglos XVII, XVIII y primer cuarto del siglo XIX.

Las antiguas bodegas están presentes en casi todo el territorio, la gran mayoría en las zonas costeras, y situadas estratégicamente junto a refugios naturales se construyeron las más importantes. Servían como punto de embarque para el vino, que era transportado en pequeñas embarcaciones hasta los barcos que estaban fondeados en el puerto de Santa Cruz. Algunas de estas bodegas se ubicaron dentro de cuevas lejos de la costa, pero la mayoría se estableció en los embarcaderos naturales de la costa de Anaga y que hoy están en ruina, como pueden ser: Tamadiste, Benijo, Roque de las Bodegas, Las Palmas, o Roque Bermejo. Otros enclaves fueron Igueste, Antequera o Anosma.

Además de las bodegas, todo este trabajo realizado por los agricultores de la época no hubiera sido posible sin los lagares. Estas estructuras, algunas hoy conservadas en muy buen estado, eran por lo general de piedra (tosca), aunque también se pueden encontrar ejemplares en madera. La tosca era extraída de los barrancos y se tallaban las de gran tamaño. Los lagares se utilizaban para prensar la uva y sacar el mosto. El Macizo de Anaga resalta, entre otras muchas cosas y etnográficamente hablando, por la presencia de un centenar de lagares de tosca. 

La variedades de la viña que se cultivaba y que aún se puede encontrar son listán negro, malvasía, vijariego, mulata, gual, forastera, moscatel, tintilla, marmajuelo, listan gacho, negramoll, forastera gomera, marmajuelo, albillo criollo, gual, vidueño o malvasía rosada. 

Hoy, esta actividad se mantiene en Anaga con pequeñas bodegas y producciones de algunas denominaciones de origen que hacen vinos parcelarios ubicados en este mágico paraje, Reserva de la Biosfera. Algunas son:

Cuevas del Lino, en El Batán. Nace en el año 1999 bajo la D.O. Tacoronte-Acentejo. Es una bodega familiar que cultiva listán negro principalmente.

El Alpiste Canario (Vino de Malvasía), en Taganana.

Sortevera, vino parcelario de Taganana que tiene la bodega Suertes del Marqués. Con distintas variedades de uva que proceden de las parcelas de Amogoje, Margalagua y Las Fajanetas. 

Maipé-Taganana. Un vino de viñátigo 100 % listán blanco. Esto es debido a que la viña crece sobre rocas de una de las paredes del Monte de Las Vueltas.

Aunque hubo una época de decadencia de los vinos de Canarias, coincidiendo con los problemas en la exportación, o la plaga de la filoxera en Europa, los vinos canarios han sido apreciados por ilustres personalidades de la historia como Felipe II, Carlos III o Benjamin Franklin. También se recoge su excelencia en citas de varias obras de autores como Walter Scott o William Shakespeare. Se conocía como «Canarias» o «Canary» al vino de Malvasía que se exportaba.

Lo que está claro es que Canarias, y en particular Anaga, gracias a su amable clima, a su singular -y complicada- orografía y a su aislamiento, ha logrado conservar una identidad singular, preservando estas variedades olvidadas en el viejo continente.

¿Y han probado el vino de mora?

Pero no solo de la uva podemos encontrar vino en Anaga; es imperativo también probar el vino de mora de la zona. El vino de mora es elaborado a partir de la fruta del moral y se le atribuyen muchas propiedades curativas. Según los más longevos del lugar es bueno para heridas internas (sobre todo del estómago). Este vino se produce por ejemplo en los pueblos de Taganana, Roque Bermejo y Los Batanes con una técnica que se ha pasado de generación en generación. A saber: tras recolectar la mora en julio y agosto, se procede a su prensado y posterior fermentación con azúcar de caña (por cada tres litros de jugo se le añade un kilo de azúcar). Eso durante un mes y medio aproximadamente, antes de su embotellado, cuando el vino ha desarrollado el alcohol de forma natural. Hoy existe un vino de mora embotellado, “Vino de mora el Chorro”, de pequeña producción y muy recomendable si tenemos la oportunidad de probarlo.

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