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Una sorpresa al final del camino

Hasta ahora hemos visto miradores a los que se puede acceder fácilmente en transporte público o en coche. El mirador que aconsejamos en esta ocasión implica un esfuerzo. Tiene en común lo que casi todos los senderos de Anaga: será duro, exige buena forma física e ir bien preparados, pero no hay riesgo, pues el camino es amplio y está bien señalizado. Nuestro destino es ‘El semáforo’, un edificio construido en el siglo XIX que servía para avisar con antelación al puerto de Santa Cruz de Tenerife de los barcos que llegaban.

Podemos llegar de dos maneras: una es desde Chamorga, siguiendo el sendero PR-TF 5 que une ese caserío de la cumbre de Anaga con Igueste de San Andrés, en la costa, y vuelve a subir 200 metros sobre el acantilado para alcanzar la antigua torre vigía. Esta posibilidad es muy aconsejable, pero implica una forma física muy buena, pues estamos hablando de cerca de 13  kilómetros (unas 6 horas).

Lo más habitual y sencillo es salir desde Igueste de San Andrés, pueblo “amigo de los montañeros” según la placa colocada junto a la iglesia de San Pedro. Justo en ese punto comienza nuestro camino, que sigue el sendero PR-TF 5.1.

Por delante tenemos unos 4,3 kilómetros, ida y vuelta, que comienzan entre las casas del pueblo, siempre blancas y normalmente cubiertas de frondosos frutales. Igueste está en un fértil valle y se nota. Habrá que ir hacia el cementerio de la localidad, en un bonito paseo paralelo al mar, pero sin alcanzarlo pues nos desviaremos hacia la izquierda por otro camino previo, bien visible y señalizado. Lo que vemos en el desvío ya será la tónica de la caminata: siempre cuesta arriba, sin apenas respiro.

El esfuerzo merece la pena. El edificio es sobrio, pero bonito. Lo primero que se piensa al llegar es que debería de estar rehabilitado y, de hecho, su proyecto ya está en marcha y podría ser una realidad en 2024. Aquí se prevé instalar una estación meteorológica y una rehabilitación integral que incluye el característico mástil. El semáforo es el mejor de los miradores, por eso se construyó aquí, hacia el este vemos las playas de Zapata y Antequera, con su pequeña península, más allá sólo queda el océano, de manera que se podía vigilar los buques que se aproximaban. Hacia el oeste, con unas vertiginosas vistas pues estamos en el filo de un acantilado, en primer plano observamos la playa de callados de Igueste, teñido de verde el valle por la vegetación. Al fondo Santa Cruz, ciudad destino de las señales que un día se izaron en ese mástil. Sin duda uno de los mejores lugares de Anaga para ver las aves marinas volar, el sol brillar sobre el agua y las áridas montañas del macizo a nuestra espalda. Un mirador, para bien o para mal, poco visitado y que no defrauda al que llega.

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